sábado, 28 de noviembre de 2015

“NINGUNA CULTURA TIENE LA BELLEZA METAFÓRICA DEL GUARANÍ”



Afuera se oye un megáfono llamando a la gente que avanza por la calle España. Es el día de la Procesión de la Cruz, que una vez al año los fieles sacan de la iglesia para recorrer la ciudad de Corrientes. Este año, como ningún otro, esa caravana de la fe pasa por la puerta de la casa de Pocho Roch, un emblema de la cultura de la provincia.
-Si uno rastrea en los orígenes de Corrientes, observa que el correntino es diferente a sus vecinos, que tiene una identidad propia y distintiva. ¿Cuánto de esas particularidades se la debe al guaraní?
-Hace 4.500 años que el guaraní llegó a Corrientes. Los nombres de nuestros lugares, nuestras actitudes, nuestras costumbres, nuestra manera de ser son guaraníes. Y eso implica un idioma con un contenido poético increíble. Cabeza en castellano no tiene nada de poesía, pero en guaraní significa el hueso que contiene el alma. Niño es cunumí, que en guaraní significa pequeña ternura. Lo mismo si digo otoño, que significa el tiempo de las hojas caídas. Estoy escribiendo un libro sobre eso, sobre la metáfora guaraní, tema que empecé a tratar en los años 80.
Tenemos un origen ancestral guaranítico que no se perdió. No se puede borrar del mapa una cultura por una ley, por un decreto. En 1770 Carlos III prohibió hablar cualquier idioma aborigen. Las actas de los gobiernos se hacían en guaraní. Hoy en día se habla pero no se escribe y eso me preocupa porque estudio la etimología de las palabras y no estudiando eso se pierde lo bello del idioma. Ninguna cultura alcanza la belleza metafórica del guaraní. Y hubo quien dijo que donde comenzaba el guaraní terminaba la civilización. Lo dijo un prócer que tiene estatuas por todos lados. Pasaron cosas terribles con el guaraní: hacia 1825 en Itatí vivían guaraníes con guaraníes, pero extinguieron el Cabildo Indio de Itatí y se repartieron los bienes: le sacaron hasta la corona de la virgen en los años de Bernardino Rivadavia. Y en 1856 prohibieron los apellidos guaraníes. Y todo venía de los guaraníes de Itatí: las artesanías, la música. La clave es cambiarte la cultura. Por eso hay que ver la etimología de las palabras, donde está el origen de las cosas.
-¿Cuando no hubo un intento de extinción, existió una apropiación violenta de lo originario guaraní, pero negándolo, no?
-Siempre se apropia el más poderoso y lo escribe el más poderoso. Para enterarte de la verdad hay que ir a lo que escribieron los curas misioneros, el que vivió entre los indios, no los curas de oficinas. Ellos convencieron a los antropófagos hasta convertirlos en seres productores en las 57 misiones jesuíticas en América, que escribieron 1.200 diccionarios. Corrientes tiene una base franciscana en esta parte del Paraná y jesuita en la parte del río Uruguay. El franciscano duró más que el jesuita, a quienes echaron en 1767. Al franciscano le extinguieron su cabildo en 1825. Pero muchos correntinos son “guaraniceros”, que hablan el guaraní, que mantienen sus hábitos y su idioma, pero se llaman Ojeda, Gómez, Fernández, pero hablaban en guaraní. Los habían obligado a cambiar el apellido, pero los pájaros, los ríos, los árboles, son guaraníes.


Subtítulo. Donde nace el chamamé.

Pocho habla bajo, lento, correcto, con el dulce sabor de su provincia, esa especie de música que el correntino tiene en sus palabras. Hace 32 años tiene un programa en AM Radio Corrientes. Hace una década está al aire en FM Radio Universitaria y lleva un cuarto de siglo en FM Capital. Es autodidacta de todo lo que se diga de él. “Cuando no te enseña nadie es cuando mejor se aprende”, dice. Está a punto de dictar la cátedra de chamamé en la universidad.
-¿Cuál es la relación del guaraní con la música?
-El guaraní tiene dos tipos de música, la sacra, que es el chamamé, un rezo danza para los días de lluvia. Chamamé significa “estar en la lluvia con el alma mía”. Para el guaraní la palabra era el alma. Y era un canto rezo para los días de lluvia. La lluvia era el bien más preciado que Dios le regalaba para equilibrarles el alma y la mente, además de ser utilitaria para sus cosechas. Las reuniones entre los más sabios de la tribu se hacían los días de lluvia y se llamaban Amandayé, que quiere decir amar la lluvia y lo que dice la lluvia. Se habla poco de estos temas en los encuentros de folklore. El sapucay no es ese grito que pegan ahora: esto es burdo, un invento de los gringos para dejarlos bajos a los guaraníes. Sapucay significa “le quema el sonido en los ojos”, porque era un canto pronunciado en voz muy alta, con el que se adoraba a Dios y se le pedía que no finalizara el mundo en los días de eclipse. El sapucay era para los días de eclipse.
-¿Por eso el chamamé es una religión para el correntino, no?
-El guaraní no rezaba arrodillado sino que rezaba en ronda: era un rezo danza. El chamamé significaba para el guaraní crear la palabra mientras danzamos en ronda. Cuando llega el jesuita, con la religión católica, el chamamé sigue atado a lo religioso, pero antes el chamamé era sólo canto, pronunciado con el instrumento de Dios. Después vienen la guitarra y el acordeón, con las misiones jesuíticas. Es posible que haya llegado desde Europa el acordeón, pero unas investigaciones que estoy haciendo alejan cada vez más esa posibilidad: un trabajo habla del chamamé tocado en 1841 con acordeón y guitarra, por Francisco Reyes Ortiz, un granadero de San Martín que se hizo cura. Se encuentran muchas cosas andando. Los guaraníes tienen danzas que imitan a los pájaros: me las han cantado la gente grande.

Subtítulo. Tocar con el corazón.


Pocho es un juntador de libros: tiene más de 20 diccionarios de lenguas aborígenes; bibliografía guaranítica, franciscana y jesuítica; videos, láminas y casetes de audio, con testimonios vivenciales y música correntina antigua. Pero también es un coleccionista de sonidos, propios y extraños, con 34 obras integrales registradas. “Antes grababa para grandes compañías (EMI, Sony, CBS Columbia) y vendía. Ahora grabo yo y lo regalo. No quiero que hagan negocios con lo mío. Nunca quise tocar para amenizarle el bolo alimenticio de nadie. Nunca quise malvender mi música. Siempre quise tocar en un teatro, como Tchaychovsky o Beethoven, no por ser fantástico, sino porque los sentimientos de mi gente valen lo mismo que los de cualquier gringo.”
De niño lo entusiasmó la charla con el cura Esteban Bajac, a quien le cebaba mates de leche y veía escribir en pluma. Allí empezó a leer porque sabe “que se aprende del aire”. Recopila porque sabe que las personas pasamos pero la cultura queda. Recibió tres bibliotecas antiguas, una de su abuelo. Pero tiene el buen vicio de componer. “Tocar es lo mismo que acariciar a la guaina (la novia): uno conoce célula por célula de su guaina, como conoce cuerda por cuerda su guitarra. La música no es una ciencia: es un sentimiento que se toca”.
Anda lento el hombre que renunció a ser una celebridad nacional para ser un mito correntino: nunca quiso salir de su lugar, de la casa repleta de libros y recortes de diarios, de casetes, de discos, de papeles diversos. El autor de “Pueblero de Allá ité” elige estar cerca del río, en su modesta casa correntina. “De lo que sé, sé que no sé nada. Por eso me quedé siempre en Corrientes.”

Fuente: http://elfederal.com.ar/…/ninguna-cultura-tiene-la-belleza-…
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