domingo, 17 de abril de 2016

La educación de los niños en la cultura guaraní


         Rasgo sobresaliente de la educación en la infancia es no castigar a los niños. El concepto europeo de castigo correccional de los adultos no existe en la mentalidad guaraní, pues nunca se castiga con el fin de corregir...el caso sería escandalosos y considerado como una mala acción.
 
El padre guaraní jamás castiga a sus hijos ni les reprende con palabras severas. Por el contrario, los deja hacer limitándose a que no caigan en peligro o hagan cosas inconvenientes. Aún en este último caso jamás reprende con severidad ó les habla fuerte, sino que de forma sueva les explica lo correcto, apelando a la persuasión y si no lo consigue insiste siempre con paciencia sin hacer una amenaza, viendo con complacencia aquellos actos de independencia que nosotros solemos castigar o reprimir.

Estos preparativos de la infancia responden perfectamente a la vida del adulto en toda la organización social y económica guaraní. En esta sociedad la coacción no existe. EL hombre y hasta cierto punto la mujer y todo miembro de la colectividad son libres y pueden disponer libremente de su voluntad.
No existe imposición por la fuerza ni directa ni indirectamente. Se trabaja en común y en común se aprovecha el producto de este trabajo.
Pero el individuo no pertenece a la comunidad, sino que forma parte de ella porque quiere y hasta cuando quiera, siendo completamente libre de dejarla y entrar en otra que le admitirá sin reservas.
El cacique es como un padre y como los padres ni castigan ni imponen a sus hijos (que es como llama a los hombres de la tribu que dirige). Sólo emplea la persuasión dando buenos consejos o inculcando ideas, valiéndose únicamente de su arte oratorio y del prestigio que sus experiencias y conocimientos le han dado. Pero no impone nada por la fuerza ni podría, pues todos y cada uno son libres de obedecerle. Además, fuerza de policía no hay ni nunca hubo en ningún país guaraní. Ningún trabajo, ningún servicio es materialmente obligado ni el de las armas. Ni siquiera en caso de defensa de la tribu y del hogar el guerrero tiene obligación absoluta de concurrir. Si se niega, su voluntad es respetada como siempre. Sólo la potestad moral es materialmente admitida por ser tal y carecer de fuerza material y por no quebrantar la voluntad individual ni intentarlo siquiera.

Fuente:  Moisés Bertoni, "La Civilización Guarani"
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