miércoles, 21 de enero de 2015

"Yvy maraey - Tierra sin mal" (Entrevista a Juan Carlos Valdivia)


El director y guionista boliviano Juan Carlos Valdivia ("Zona sur"), presentó su último trabajo ("Yvy maraey - Tierra sin mal"), coescrito con Elio Ortiz, en la Competencia Internacional del recién clausurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y en la misma semana abrió la cuarta edición del Festival Pachamama–Cinema de la Triple Fronteira, en Brasil. Muy bien recibida, la película resulta una bienvenida mirada sobre las comunidades autóctonas bolivianas a partir de un relato ambicioso en términos cinematográficos. Nuestros compañeros de EscribiendoCine hablaron con el realizador, surgido del mundo de la publicidad.
- Su película es un relato ambicioso, por sus sub-tramas, la mezcla entre "road movie", cine dentro del cine, viaje antropológico...
Yo estoy en la búsqueda del cine como contenedor. Me aburren las películas que sólo son de una cosa, a no ser que estén extremadamente bien hechas. Efectivamente, creo que la película funciona en diferentes niveles. Está la historia de una amistad, la historia de un viaje, el encuentro con las culturas originarias, el cine dentro del cine, el cuestionamiento sobre la validez del lenguaje cinematográfico y el cine como arma de destrucción. Hay una mirada del momento histórico político boliviano. En fin, creo que hay varias cosas que quizás sean parte de mi mente dispersa.

- En un momento del film, aparece la idea de que el hombre blanco se convirtió en el aborigen. ¿Esto refleja la actual coyuntura política y social de tu país?
Yo creo que el momento político nos ha hecho ver a los bolivianos esto. Yo creo que siempre se ha dado por hecho que hay una cultura hegemónica, una manera de ser que es la que es y el otro, de alguna manera, es inferior. Y el mundo también está de cabeza, ¿no? Creo que en Bolivia se respira esto, no es un discurso que tengas que leer en un ensayo de antropología social. Lo respiras.

- En el relato aparecen varios insertos que recuperan la voz de los pueblos originarios. ¿De dónde surgieron esos parlamentos?
Es una recopilación que no es de libros, aunque por supuesto yo leí todos los libros que había que leer. Pero pronto me di cuenta que como cineasta tenía que hacer una investigación más íntima, más ligada al trabajo del cine. Toda esta sabiduría filosófica está recuperada por el co-protagonista, que es un estudioso y un amante de su cultura. Y viene de los ancianos. Las culturas, sobre todo las que fueron o son nómadas, tienen mucho de la oralidad en su cultura. Y es a través de la oralidad que se transmite todo el conocimiento. Para mí ese era uno de los grandes retos; cómo hacer una película sobre una cultura que le da tanta importancia a la palabra. Mucho más a la palabra que a la imagen. Yo quise que la película creara espacios en donde pudieras escuchar a la palabra. Por eso está esa voz en unas imágenes un poco neutras que permiten escuchar, y la idea de que las propias palabras convoquen a las imágenes y a los sentimientos. Para mí era importante, sobre todo cuando está el cliché de que el cine es solamente imagen. El cine puede ser muchas cosas. Es una película que se piensa a sí misma también; una de las cualidades que he buscado. Veo que en el cine hay un exceso de sentimiento y de emoción provocada, de llegar a cualquier extremo por provocar algo. Y a mí me gustan las películas donde tú puedes entrar y permitirte un cierto espacio para estas cosas. El personaje dice, "¿no es el pensamiento también un sentimiento? ¿No es el sentir un acto de existir y el pensar un acto de existir y de sentir el mundo también?"

- Es muy singular la secuencia con el encuentro con estudiantes de cine, que proyectan sus imágenes en la comunidad aborigen. Dentro de nuestro imaginario, esa imagen es más propia de un museo de arte contemporáneo. Y eso me llevó a pensar que los pueblos también estuvieron atravesados por el rodaje, en tu película.
Esa secuencia está inspirada en algo que a mí me pasó. Cuando estaba viajando, mucho antes de hacer la película, yo tenía el interés en la masacre de 1852. Y de repente un estudiante de cine indígena saca un datashow y la proyecta en la pared de la casa de un pueblo; la película sobre la masacre. Tú ves eso y había una calidad iconográfica, estaba tratando de usar el lenguaje clásico del cine, pero había algo que era diferente. Ahí es cuando yo empiezo a decir "¿qué estoy haciendo aquí, para qué vengo yo a contar eso si ellos ya lo están contando?" Entonces ese es un momento que a mí me cambia, en donde empieza todo el cuestionamiento de lo que voy a hacer.

- ¿Y cuál fue el disparador para generar la historia, tal cual como la conocemos?
El momento en el que decido voltear la cámara y decir "ya no voy a ir a mirar al otro, lo más honesto es mirarme a mí mismo". No ir con una mirada sociológica, antropológica o de curioso, de ir a mirar al otro que es el indígena. Todo el mundo ha ido a mirar y siempre con un sentimiento de culpa. Entonces, yo me dije que lo que no había pasado era un acercamiento más íntimo, de ver al otro como una persona igual a mí. Por eso en la película los dos personajes están en el mismo nivel intelectual. Esa horizontalidad era la que a mí me interesaba como punto de partida para relacionarse con otra cosa. Tuve que despojarme de toda esta mirada colonialista que uno trae aunque no lo veas, porque vienes de ese mundo. Y eso es lo que la película cuestiona.

- En el reciente Unasur Cine se hizo un homenaje a Jorge Sanjinés. ¿Ha seguido su obra?
Por supuesto, él es el cineasta más importante que ha producido Bolivia y el que ha generado no sólo una obra importante sino un pensamiento y una manera de ver cine. En los ’70, ’80, se convirtió en un cineasta muy importante en Bolivia y en toda América Latina. Creo que la diferencia es que de alguna manera yo he andado el camino que él ha recorrido pero en sus películas el blanco es malo. Y nunca se pone en ese lugar. Aquí yo me he puesto en el lugar del blanco y dije "aquí estoy yo". Ese sería el nuevo capítulo del andar en el cine boliviano.

- ¿Cómo fue la recepción del film en la comunidad aborigen?
La película se ha exhibido y ahora estamos con un cine ambulante yendo a diferentes comunidades. Es una película extraña, no es fácil de decodificar. Hay quienes consideran que la película va a tener una importancia a futuro, piensan que es una obra que puede tener un impacto a largo plazo.

- ¿Y en Mar del Plata cómo le ha ido?
Aquí la recibieron muy bien. Me parece que hay un público con cultura cinematográfica que puede decodificar y aceptar cosas que están en el margen, que son diferentes.

ESCRIBIENDOCINE / Noticine
25/11/2013 21:30:51
http://www.abcguionistas.com/noticias/entrevistas/juan-carlos-valdivia-habla-sobre-yvy-maraey-tierra-sin-mal.html
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